Las abejas no tienen ojos, nariz ni oídos como los imaginamos en un mamífero — perciben el mundo con órganos sensoriales completamente distintos, adaptados a su tamaño y estilo de vida.
Vista
Los dos ojos compuestos detectan movimiento con gran sensibilidad y perciben luz polarizada (útil para orientarse incluso con el sol parcialmente cubierto), pero su agudeza para detalles finos es menor que la humana. Ven un espectro de color desplazado hacia el ultravioleta y no perciben bien el rojo.
Olfato
Las antenas concentran miles de receptores olfativos capaces de distinguir feromonas específicas y aromas florales con gran precisión — es el sentido más desarrollado para la vida social de la colonia.
Vibración
No tienen oídos, pero detectan vibraciones del sustrato y del aire a través de órganos sensoriales en las patas y antenas — relevante, por ejemplo, para percibir la danza del meneo de otra abeja.
En pocas palabras
- Ven movimiento y luz ultravioleta, no bien el rojo
- Las antenas son el órgano olfativo principal
- Perciben vibración en vez de sonido tradicional